miércoles, 22 de agosto de 2018

Crónicas del verano: Hormigón en la arena


Paseo por la playa de La Antilla, en Lepe, y me encuentro entre la hilera de coquetas casitas de pescadores este mastodonte hormigonado. Es una imagen antiestética y chocante entre la uniformidad de viviendas bajas y encaladas que se posicionan frente a la playa. Las palabras pintadas en su fachada marítima nos sugieren que el edificio permanece abandonado desde hace 35 años y se ha convertido en el refugio de yonkis y camellos. Es tal el contraste que uno siente curiosidad por entender cómo se ha producido y perdura este desaguisado urbanístico y se toma la molestia de investigar un poco esta situación. Está uno sensibilizado hace tiempo sobre el profuso hormigonado de nuestras costas, el vallado infinito de nuestras tierras y la privatización de los espacios, de los bienes, del agua (y del aire, que no tardaremos). Así que con la localización y las sugerencias de las pintadas realizo una búsqueda en google. Estos son los resultados que comento. 

Si nos atenemos a lo que dice el cartel, harían ya unos 37 años (hacia 1981) que se iniciaron las obras del edificio. Parece que esta ambiciosa construcción (dos alturas y terraza coronada por una piscina exterior de la que asoman aún las escaleras) que supera en un piso todas las casas de la línea de playa fue expropiada por la ley de costas en 2005. Desde ese año, suelo y construcción, pertenecerían al Estado según puede consultarse en el Registro de la  Propiedad, finca nº 8035). El estado del inmueble está muy deteriorado, con riesgo grave para la seguridad por desprendimientos, oxidación de armaduras, pérdidas de hormigón, etc. La imagen urbanística es pésima por su volumen, escala, grafitis y abandono. A la obra, inacabada desde hace más de tres décadas, ha tenido acceso en estos años todo tipo de personas alguna muy conflictivas: yonkis, camellos, manteros... incluso existen denuncias de "violencia de género" en su interior. Los intentos de cerrar accesos y tapiar han resultado inútiles: se abrieron nuevos boquetes y el edificio se convirtió en almacén de manteros (en el mejor de los casos) y en "cagadero" y "meadero" público. El lugar está lleno de basuras y escombros siendo un peligro para la salud. Los vecinos se quejan de la existencia de ratas, malos olores y la presencia de maleantes...  

Resulta chocante que la presión de una inmensa mayoría de gente y la evidencia de este desastre y ruina urbanística no hayan logrado su demolición. Este ha sido uno de los deberes que se proponían siempre los sucesivos equipos de ayuntamientos  que han gobernado el municipio sin que hayan obtenido resultados. ¿Qué habría que hacer para acabar con situaciones como esta?

En el presente caso se han movilizado en los últimos años algunas plataformas para exigir su demolición. Existe una petición en Change,org pidiendo su demolición y un perfil abierto en facebook sobre el tema. E igualmente una plataforma para denunciar la situación (hemos encontrado que la página está fuera de servicio, pero puedes acceder al contenido caché guardado por google aquí).

Yo sigo mi pase playero. Quizá cuando sea un jubilado setentón y en mis vacaciones camine por esta  playa con la gorrita protegiendo mi calvicie del sol, eche una miradita a mi izquierda y vea todavía el gris mastodonte que me mira, cadavérico pero insepulto, riéndose de mí en una mueca descarnada de hormigón.

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