domingo, 14 de marzo de 2021

Primer capítulo de una novela sobre la pandemia.

El año pasado realicé un curso on line cuya realización perseguía desde hace tiempo: "Cómo escribir una novela". En el currículo del curso se planteaba realizar el proyecto de una novela y una serie de actividades. Como estaba confinado en casa desde hacía un par de meses (como todos los españoles) y la pandemia lo embargaba todo, se me ocurrió la poco original idea de ambientarla en la situación de epidemia que padecíamos. El argumento (primero parecido a Mad-Max) fue variando a lo largo de las semanas, haciéndose más verosímil a medida que lo meditaba; pero el capítulo inicial (una de las actividades encomendadas) no tenía por qué sufrir variación: era el verídico relato de lo que ocurrió en los días previos al decreto de declaración del estado de emergencia (Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.). Hoy, precisamente se cumple un año de aquella fecha. 




Actividad: Recupera el paradigma que creaste en la actividad 2 del Módulo 4 y, tomándolo como base, redacta el inicio de tu historia. Hazlo rápido, evitando distracciones y sin detenerte a pensar demasiado. Una vez hecho, no revises lo escrito. Envíalo a la plataforma directamente y olvídate de ello hasta el próximo módulo.

 Criterios de evaluación: Calidad y originalidad de las redacciones. Corrección gramatical y ortográfica.

Extensión máxima: 2 páginas, con fuente Georgia 11 e interlineado 1,5.

 CAPÍTULO 1

 9 de marzo de 2020

 La-mi-fa-do-sol-mi…

Estoy preparando la comida y el silbidito del whatsapp llama mi atención. Lo escucho de pasada pues no suelo hacer caso del móvil más que a determinadas horas que suelen ser las últimas del día. Cojo el aparto y le desenchufo el cable de carga para leerlo cómodamente en el sofá. Cuando miro la pantalla principal me sorprendo. Junto al pequeño bocadillo verde del icono con telefonito veo una cifra en rojo: ¡228 mensajes en una mañana! Y todos en el grupo familiar de mi mujer, naturalmente…

Empiezo a leer. El asunto ese del coronavirus parece que se ha desbordado. Las bromas referidas a chinos con mascarilla se tornaron hace días en memes sobre italianos abarrotando hospitales y hoy parecen concentrarse en decisiones sorprendentes en España: “La Comunidad de Madrid aprueba medidas extraordinarias por el coronavirus”… Se suspenden las clases en primaria y secundaria… Mi sobrino Jorge (en primero de ESO) inunda sus mensajes con caritas sonrientes y algún que otro signo de la victoria. Mi sobrina estela, con cuatro meses de embarazo, marca en verde sobre un documento escaneado el artículo relativo a la suspensión de las pruebas diagnósticas en hospitales. Su ecografía tendrá que esperar… Sigue una discusión larguísima con su tía, que es precisamente la ginecóloga que la trata. Parece que tendrá que esperar… ¿Cuánto?... Lo que haga falta… ¡Pero, tía…! Se rumorea que se producirá un cierre de fronteras en Europa… ¡Dios, mío! Enseguida me acuerdo de que mi sobrino Ángel apenas lleva una semana en Amsterdam realizando prácticas en una empresa holandesa. Enseguida entro en mi propio grupo familiar  y les solicito información sobre la situación. Al poco, su padre, me comunica que están realizando gestiones para traerle urgentemente. La cosa pinta mal, pues han suspendido la mayoría de los vuelos… andan tras la posibilidad de conseguir un pasaje en uno de los últimos embarques a precio de oro… 

 Me quedo noqueado por la situación. Pero me convenzo personalmente de que se está exagerando un poco. Esta tarde, en las clases de la Universidad para mayores a las que asisto, voy a tener un buen tema de conversación.  En fin, después de comer y echar una siestecita me iré hasta Guadalajara para asistir a la primera clase de la asignatura de Micología: ¡a ver si se va a echar a perder la temporada de setas con estas historias!...

 He llegado veinte minutos antes a la Escuela de Magisterio, que es donde tenemos las clases. Decido que me da tiempo a tomarme un café así que entro en la cafetería. No hay alumnos dentro (hay un grupo fuera formando un corro con las sillas de la terraza, conversando alegremente). La camarera, con aspecto desangelado, me atiende muy seria, excesivamente seria para lo que es ella. En cuento inicio la conversación enseguida me muestra su desagrado por la situación de la empresa de restauración a la que pertenece:

-          ¡Nos obligan a venir! ¡Después de suspender las clases y sin alumnos en la Escuela…!

-          ¿Cómo? ¿Qué han suspendido las clases?

-          ¿Ah, pero no lo sabía? A partir de hoy se suspenden las clases en todas las universidades.

-          ¡No me lo puedo creer…!

Salgo, con el café en un vaso de plástico, a la terraza exterior. La camarera bromea con los jóvenes estudiantes de magisterio. Se nota que los conoce bien pues les tutea con familiaridad. Uno de ellos parece estar haciéndose el gallito delante de varias compañeras que, cómplices, le sonríen. Los pavos reales que viven libres en el recinto pasean muy cerca del grupo. Decido, como si fuera algo casual, gastarles una broma de forma indirecta y pregunto a la joven camarera si ha visto el cartel de la puerta que dice: ¡CERRAR LA PUERTA AL ENTRAR PARA QUE NO ENTREN LOS PAVOS!... El chaval que gallea en el grupo me mira sonriendo. ¡Lo ha pillado! Menos mal que se lo toma a bien…

 Sin nada más que hacer en la tarde decido ir a la biblioteca. Está cerrada. Busco un bar. Cerrados. Doy un paseo. Noto a la gente con prisa. Los comercios han bajado sus persianas antes de la hora de cierre. Hay un tráfico agitado, agónico… Finalmente decido dar un pasero por el parque Coquín. Me siento en un banco. Vuelvo a consultar el whattsapp. Otra tanda de mensajes nuevos. La última tanda se refiere a la inconveniencia de haber celebrado ayer la gran manifestación en el Día Internacional de la Mujer… Escribo un post informando de que han suspendido también mis clases en la Uni y escribo intercalando caritas de pánico “Pánico Nacional”. Termino bromeando que, en vista de el cierre generalizado de establecimientos públicos, he decidido hacer una visita al cercano Cementerio municipal, que es el único sitio que sigue abierto… (Sé que mi mujer me recriminará esta broma macabra).

El cementerio (efectivamente me acerqué a él) estaba cerrado, pero por su horario habitual… Aburrido al no poder hacer vida pública alguna, me volví a Cabanillas. Entré en casa sin sospechar que no volvería a salir de ella hasta dos meses después.