martes, 6 de junio de 2017

El precio de un comentario


He repasado mi lista de artículos publicados y se van acercando a la docena. Me ha extrañado la total ausencia de comentarios. He reflexionado sobre ello. Puedo pensar que son tan malos que a nadie le apetezca comentarlos. Acaso sean muy largos y muy pocos terminen su lectura o lo hagan tan cansados que ya no les apetezca escribir siquiera un breve comentario. Es posible que su redacción  adolezca de la maestría necesaria para enganchar al lector. Entiendo también que que el blog está en sus inicios y sea poco conocido. Estimó, además, que los temas tratados quizás no sean del interés del lector... Pero aún así me extraña este vacío de opiniones, así que intentaré analizar las causas de esta sequía participativa.

Está claro que muchos lectores y escritores de bogs utilizan los mismos como una especie de red social. Por lo tanto realizan publicaciones cortas y frecuentes, a menudo de carácter intrascendente y fidelizando comentaristas a base de participar a su vez en los blogs de los participantes. Suelen dejar comentarios cortos, en tono de broma, y terminando con  un saludo o emoticón.

Están también los que tienen una amplia red de conocidos y, en razón de su amistad,  se esfuerzan en visitar sus creaciones y dejar constancia de su paso.

Resulta  muy efectivo (y educado) contestar sistemáticamente a todos cuantos publiquen agradeciendo su participación o comentándola a su vez.

Hay blogs de artículos periódicos, semanales o quincenales, que no se diferencias de los capítulos de un libro. De hecho, muchos acaban  publicándolos recopilados en ediciones en papel (mis blogs aspiran a llegar a este grado de perfección). Si el editor del mismo es persona de reconocido juicio y prestigio suelen tener del orden de treinta o cuarenta comentarios y todos de alta calidad. Estos artículos podrían formar parte meritoriamente de la edición de cualquier periódico. Soy asiduo de algunos de ellos y participo activamente como comentarista. Los comentarios aquí suelen ser extensos y cuidados. Podrían ser, por sí solos, artículos completos.

 Hay autores  que se ganan, poco a poco, su cartera de seguidores y comentaristas. Esto ocurre cuando los temas les resultan  especialmente interesantes o el  escritor escribe tan bien que consigue agradar y sorprender día a día a sus seguidores. Los comentarios sueles ser aquí sentidos y entusiastas.  

También hay blogs especializados que satisfacen las curiosidades concretas de ciertos grupos. Aquí los protagonistas suelen conocerse y usar incluso un lenguaje técnico que no está al alcance de todos...

En fin, con  un gran mazazo a mi autoestima editora, he de reconocer que mi blog no funciona en absoluto como una  red social, ni tengo una gran lista de conocidos ni tampoco demasiados amigos. También es verdad que no siempre contesto a mis interlocutores ni lo hago con inmediatez (intentaré corregirlo en adelante). Además sé que intento hacer artículos "con chicha", pero no siempre lo consigo. Por otra parte mi blog, casi recién nacido, no ha tenido aún tiempo de fidelizar amistades y conocidos. Tampoco soy autor de temas específicos, sino de un amplio abanico de contenidos.

Y, sin embargo, no pienso cambiar mi forma de publicar. No pagaré el precio de la popularidad a costa de la  autenticidad. Yo soy así, tan raro como escasos son los comentarios que se me hacen. Los comentarios se venden caros... ya lo sé; pero seguro que es porque son producto de calidad.    

2 comentarios:

  1. Sin comentarios.
    (Y nunca mejor dicho)

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  2. La estupidez humana alcanza a todos en algún momento. También al autor de este blog y que, en este momento, humildemente lo confiesa. Porque después de montar un artefacto explicativo de la ausencia de comentarios descubre de pronto que, involuntariamente, había bloqueado en la configuración del blog la escritura de los mismos (excepto para el autor). Ser explica perfectamente ahora el silencio de los lectores. Lo siento. "Homo sum, humani nihil a me alienum puto"

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