jueves, 22 de junio de 2023

"Quién no parece, perece"



"Quién no parece, perece"

Lo dijo Francisco de Quevedo, uno de los más grandes escritores hispanos. Estoy seguro de que, si hubiera vivido en nuestro tiempo, sería un personaje a tener muy en cuenta. Activo, por supuesto en las redes sociales; creador de memes y tendencias, influencer a su modo... Esa viva inteligencia usaría todos sus recursos para intervenir en el día a día nacional en redes, portales, prensa y tertulias; no me cabe duda. No en vano fue espía, conspirador, cortesano y uno de los literatos más libérrimos y comprometidos de nuestra historia. Usó la literatura con fines políticos, críticos, satíricos, estéticos, y personales;  y lo hizo de forma brillante y demoledora. ¡Ay de sus enemigos; gloria a sus amigos!

Hoy el aparentar, la antigua farsa, precisa de la electrónica, de los medios informáticos. En estos tiempos reformularíamos su frase diciendo: "Quien no comparece, perece". Y la comparecencia es el estrado de un teatro en el que representamos la obra de nuestra vida ideal. 

 Nuestras vida virtual no es, en absoluto, ni tan interesante, ni tan colorida, ni tan feliz como la plasmamos en las pantallas; pero mostrar nuestras aspiraciones como logros nos proporciona seguridad. Pero cuando pretendamos presentarnos ante la red social deberíamos meditar sobre otra frase del preclaro escritor: "Nada se ha de mostrar menos que lo que se desea más".

Los individuos de nuestra especie han tenido desde siempre la tentación de ser lo que no son,. Lo decía Albert Camus en sus geniales Carnets: “El hombre es el único animal que se opone a ser lo que es”.


 Ser lo que no somos implica desconocernos y esto, además de falso, va en contra del primer mandamiento de la filosofía, y de la buena vida en general, que es, como ustedes bien sabrán, conócete a ti mismo.


Hay dos tipos de teatro: el de los antiguos griegos que, por el engaño, intentaba acercarnos a la verdad y el de las redes sociales hoy en día que, aparentando la verdad, quiere llevarnos al engaño. Decididamente me inclino por el teatro de los griegos. 

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