martes, 8 de mayo de 2018

Espejito, espejito...


Espejito, espejito... dime: ¿Quién es la más guapa del reino? Y el espejo siempre nos responde "Tú eres la más guapa como atestiguan los miles de "me gusta" que recibes, los cientos de comentarios favorables a tu imagen, los aplausos a tus novedades. Aquí no son bien vistos los cenizos, los agoreros, los diferentes, los discrepantes... No existe el botón del "No me gusta" (aunque prometieron crearlo hace tiempo, por cierto). Aquí es el reino del postureo, de la sonrisa forzada, de la felicidad obligatoria...

Quizás por el efecto narcótico de ese narcisismo se desata nuestra lengua y abrimos las puertas de nuestro hogar a todo el mundo. Sin darnos cuenta contamos nuestros secretos. Dispersos en comentarios y fotografías revelamos nuestro rostro,  la ubicación de nuestro hogar, la imagen de nuestros familiares, mostramos nuestra personalidad, nuestras relaciones, los gustos, las aficiones... Nuestros pensamiento más secretos se revelan poco a poco por entregas y pueden ser recompuestos por quién pretenda utilizarnos. Regalamos nuestra biografía a posibles interesados (amigos y enemigos). Nos ofrecemos a insultos y burlas de conocidos y desconocidos, nos exponemos a conversaciones detestables. Sin ser conscientes delatamos a nuestros amigos, proporcionamos su nombre y dirección, traicionamos su confianza... Abrimos de par en par la ventana a un mundo de distracciones no solicitadas, adoptamos videomascotas, paseamos por mundos virtuales mientras nuestra barriga crece sentados durante horas en una silla frente a la pantalla.

En la letra pequeña, muy abajo del scroll, enterrada en largos párrafos se esconden las cláusulas abusivas que les autorizan a escanear tu vida. Aceptamos que abran nuestra libreta de direcciones, que accedan a nuestra posición en cada minuto, que conozcan nuestro currículo, que sigan nuestros pasos, que descubran nuestros escondites.  Les permitimos que vengan a comprar con nosotros y sepan nuestras necesidades y gustos, lo que podemos gastarnos y cómo lo hacemos. Les informamos de nuestras opiniones políticas y nuestras creencias religiosas. Permitimos ser aleccionados, engañados, in-des-informados... Dejamos que guarden a perpetuidad nuestros errores sin posibilidad de que prescriba su conocimiento.

Con este espejo de las maravillas puede construirse el retrato de Dorian Grey. El ser monstruoso que también llevamos dentro puede ser, al final, lo que realmente quede de todo esto .

Un descuido ha permitido que alguien mirara detrás del espejo. Lo que se ha visto resulta estremecedor: tras el cristal reflector del portal social hay un gigantesco almacén donde se anota cuanto somos. Más que  una STASI, una KGB y una CIA juntas. Y además no es un almacén seguro. No es un recinto impenetrable. Existen ventanas que miran en su interior y roban toda esa información comprometedora. Quizás no sea demasiado importante eso para ti ahora mismo pero recuerda que te han leído tus derechos: "Todo lo que declare podrá ser utilizado en su contra.."

Hace unos meses se rebeló la gran grieta en la seguridad de la red social. Millones de usuarios cedieron involuntariamente sus datos y esto pasó desapercibido para los usuarios hasta ahora. Estremece lo que pueden hacer con ello. El creador de Facebook, Mark Elliot Zuckerberg, reconoció los errores y peligros inherentes a su red. Es una información tan sensible que decidí darme de baja.

Por el momento parece que "he desaparecido" de la red social, aunque nada me garantiza realmente que mis datos han sido borrados (he de fiarme de nuevo de la palabra de honor de Zuckerberg). El proceso no es del todo sencillo y cuesta encontrar la puerta de salida. En algunos dispositivos no se puede directamente. Cuando lo haces eres advertido de que tardarán unos 14 días en hacerlo ejecutivo. En tanto, cualquier acceso de nuevo al portal reactiva tu cuenta. Antes de hacerlo los expertos te sugieren que solicites al portal social una copia de todos los datos que posee sobre ti. Tardan un tiempo en prepararla, pero cuando lo hacen te sorprendes de la tremenda cantidad de información que les has facilitado sin se consciente de ello. Tus datos, comprimidos, ocupan muchos megas y si tienes cantidad de archivos multimedia, serán varios gigas.

Mis "amigos" de la red pensarán que me largué a la francesa; pues dejarán de tener noticias mías y desapareceré de su lista de amigos; pero aseguro que me despedí y dejé una última entrada de despedida explicando las razones de mi marcha.  Me comentan que no lo han recibido en su muro.  Si pasan a leer este blog encontrarán aquí una más cumplida explicación de dichos motivos.

Han pasado ya dos meses desde que "desconecté". Estoy tan a gusto. En realidad sus beneficios son superfluos. Es cierto que echo de menos los descubrimientos de antiguos conocidos, las fotos de familiares lejanos, las noticias de personas que me importan... pero también es verdad que hay otros medios para conectarse sin revelar tus intimidades... ¡Hay vida después de facebook, creedme!

Y a los que permanecéis, sobre todo si sois jóvenes y confiados,  recordad los sabios consejos de vuestros abuelos: "No habléis con desconocidos", "Tened más cuidado que la Caperucita del cuento", "desconfiad de la bondadosa anciana que os ofrece la manzana" ... Los cuentos se inventaron para algo.

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