viernes, 18 de agosto de 2017

Alerta 4.


También el escritor de guardia ha decretado el nivel de alerta 4. A él también le afectan los trágicos y previsibles sucesos acaecidos en Cataluña. En esta guerra asimétrica, el paseo de Las Ramblas era  una luminosa y enorme diana para quienes quieren poner sangre en el centro del alegre bullicio, del ocio pacífico, del envidiado bienestar...

En todas las guerras, y según el bando, los combatientes son juzgados alternativamente como héroes o criminales. Produce escalofríos escuchar las palabras de alguno de los terroristas cuando manifiesta a sus captores que ellos están preparados para  morir añadiendo a continuación en forma de reto: "¿Y vosotros?". Y ahí tienen razón: En Occidente no se está preparado para morir en un atentado indiscriminado. No, nosotros no hemos sido adoctrinados en una madrassa o entrenados en la histórica Alamut como "asesinos" que se autoinmolan atiborrados de hachís bajo la promesa  de  un billete de primera clase al paraíso  (recordemos que "asesino" procede de la voz árabe ḥaššāšīn, que denomina a los «adictos al hashis» aunque, hoy en día, el Viejo de la Montaña resulta ser cualquier barbudo líder yihadista y en vez de hachís se proporciona a los terroristas captagón una metanfetamina ya usada por los nazis en la segunda guerra mundial  recuperada por las organizaciones terroristas islámicas que calma los nervios y  permite un estado de vigilia y atención junto con la supresión de la empatía y del miedo a la muerte).

En Occidente tenemos miedo ¿para qué ocultarlo? No se puede ocultar la evidencia de las imágenes de gente corriendo presa del pánico, de la preocupación de las familias ante los civiles afectados, el rostro sombrío de los espectadores ante el rosario de detalles espeluznantes... No hay que negar el miedo, en este caso es un producto de la empatía (quizá sean los terroristas los que realmente no lo tengan). No es adecuado el lema "No tinc por" ("No tengo miedo") porque el miedo existe. Sin embargo habría que recalcar su necesidad de superación, la voluntad de que no afecte a nuestras convicciones, la evidencia de su inutilidad: "No os saldréis con la vuestra", "No vamos a cambiar", "Es un acto inútil"... son lemas mejores.

Occidente se estremece cuando entre alguna de sus multitudes escucha el grito "Allahu Akbar" (en árabe: "Alá es el más grande"), pues sabe que a continuación puede escucharse el estrépito de una explosión, o se repartirán tajos indiscriminados con cuchillos atados a las manos de terroristas que corren, o un vehículo de gran cilindrada se lanzará a toda velocidad haciendo eses por una vía peatonal muy concurrida... “Los mayores crímenes son perdonados si se cometen en nombre de Dios”, gritaba con rabia el cantante del grupo de rock Lords of the New Church allá por los años ochenta. Algunas religiones incluso reservan para los asesinos un lugar de honor en su anhelado paraíso. 

Previamente, el terrorista, ha sido objeto de un periodo de "seducción". Hace años  (por ejemplo los terroristas implicados en los atentados del 11 s) este proceso de adoctrinamiento suponía más de una década y la carga teológica tenía mucho peso en él. Hoy en día, mediante el uso masivo de los medios audiovisuales e internet, el proceso se ha acelerado y la religión ya no es tan importante. Son muchísimas las páginas de propaganda yihadista con un discurso pasional que engancha a los adolescentes: ofrecen aventuras con fusiles kaláshnikov, dinero, mujeres, superioridad intelectual... prometen que les harán sentirse los mejores musulmanes y alimentarán un destructivo narcisismo que les hará verse a sí mismo como héroes ante el mundo que los contempla. En un par de meses de autoformación a través de Google, YouTube y las redes sociales adquieren un master en terrorismo.

La policía define este proceso como "radicalización microondas": se trata de producir un rápido calentón en cuatro fases sobre ciertos individuos susceptibles:
1º Victimización: "Los musulmanes están siendo agredidos". Efectivamente, muchos son inmigrantes que se sienten menospreciados:
“Vivo en el extranjero 
donde me siento perdido. 
Me odian 
no me importa.
Ten cuidado tío
yo soy chulo y guerrero
Mi sangre es árabe
te mato o me matas 
pero no abandono.
(Letra de M ohamed Akaarir, un rapero tangerino de 24 años, que compartió en su Facebook en 2014)

2º Culpabilización: Occidente es el responsable: EE UU, Europa, Israel...
3º Solución: La violencia es la única respuesta posible.
4º Activismo: Hay que dar el salto con lo que se tenga al alcance. Y lo que se tiene al alcance, cuando remite la épica de las batallas en los lejanos y cinematográficos desiertos, son vehículos, bombonas de gas, cuchillos...
Contra cada una de estos  factores toca actuar en consecuencia:

  • Contra victimización, integración. 
  • Contra culpabilización: depuración de responsabilidades (el propio Trump reconoce algunos pecados de Occidente cuando fue preguntado por qué respetaba a Putin, si es “un asesino”. Trump contesta: “Hay muchos asesinos, muchos asesinos… ¿te crees que nuestro país es tan inocente?”.
  • Contra la violencia, educación y valores democráticos.
  • Contra el activismo: Alerta 4, no bajar la guardia.

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